Cada semana tiene dos días de los que no tendría que preocuparme.
Uno es el AYER, con sus fallas: pasó para siempre, y nada puedo hacer para recuperarlo.
El otro es MAÑANA, con sus temores y adversidades; también está fuera de mi contralor.
Me queda, entonces, solamente el HOY; y cualquiera puede manejar un día.
Es cuando le agrego las derrotas y angustias del AYER y del MAÑANA, cuando me deprimo y me siento derrotado antes de comenzar a vivirlo.
Juan XXIII